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Columnas, Educación, Tecnología

Investigación en eLearning. ¿Para qué?

Por Andrea Lizama y Marcelo Cid

La educación es un eje clave del desarrollo humano y uno de los ámbitos más importantes de inversión.

Según la doctora Dominique Foray -ex consultora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Ocde- en el dinámico escenario actual de la globalización, las “organizaciones, comunidades y personas deben “equiparse” de nuevas competencias y de nuevas cualidades para sobrevivir”. Esto repercutiría en el sistema educativo y la organización de las empresas y mercados, particularmente del sector privado.

Un ejemplo es que aproximadamente 50% del PIB de las principales economías de la Ocde se destina a la producción y distribución del conocimiento, como afirma una investigación de 2004 por la fundación hispana Germán Sánchez Ruipérez.

El recurso humano es la principal materia prima con la que trabajan empresas y organizaciones. Si bien pudiera parecer un pleonasmo, de igual modo subrayemos que este recurso implica trabajar con personas y el conocimiento que éstas demuestren, en la práctica, en su desempeño laboral.

En este sentido, la formación continua adquiere una importancia esencial para el desarrollo de las compañías, independiente de su naturaleza y objetivos. Entenderemos este tipo de formación como un proceso, cuyo resultado permite al individuo desenvolverse profesionalmente de acuerdo con la evolución de su entorno. En pocas palabras, es la incorporación de nuevos conocimientos, tarea desempeñada, fundamentalmente, por la educación superior.

En la enseñanza de posgrados hoy existe una oferta cada vez más diversa de programas de perfeccionamiento y especialización. Según Osana Molerio, decana de Psicología en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, Cuba, es misión de la educación superior “gestar las necesarias transformaciones para convertirse en los referentes de cambio que las sociedades reclaman”.

Foray define a las economías que privilegian el conocimiento como las que utilizan las nuevas tecnologías de información y comunicación, NTIC, “no sólo para la comunicación interpersonal sino, además, para la creación de nuevos saberes”.

En la actualidad, las NTIC no sólo complementan el sistema de educación tradicional, además han posicionado un modelo de educación alternativo, el eLearning. De este modo, la educación superior está respondiendo -como sugiere Molerio- a los cambios que demanda la sociedad.

Las interrogantes son, ¿se trata de una respuesta eficiente, oportuna y con criterios de conducta y evaluación adecuados?

Como contextualización, mencionemos un estudio efectuado por SRI International para el Departamento de Educación de Estados Unidos, en 2009. Éste reveló que, en promedio, los estudiantes de la modalidad eLearning tenían mejores resultados que los presenciales, con promedios de 59% contra 50%, respectivamente.

La investigación es destacable porque incluyó 99 estudios comparativos, distribuidos entre 1991 y 2008, los que trataban ambas modalidades, principalmente en el contexto de educación para adultos.

Mayor investigación y profundización requiere, por cierto, precisar qué tipo de materias y contenidos son los que mejor aplican en la modalidad eLearning, lo mismo que las metodologías y enfoques particulares de este sistema en los diferentes programas e instituciones.

Por ello, para trabajar reduciendo al mínimo los márgenes de error inherentes a cualquier actividad humana, el contexto actual vuelve imperativo investigar los métodos y estrategias para la formación a través de las tecnologías. Los fines son descubrir, validar y consolidar las prácticas educativas más efectivas, para no repetir las brechas y falencias de los sistemas educativos tradicionales.

¿Cómo enfrentan las empresas –con y sin fines de lucro- y los gobiernos la inversión para investigación en este ámbito de la educación, quizás el más trascendente en el siglo XXI? La tarea no es sencilla, pues los resultados, las evaluaciones y las medidas difícilmente se reflejarán en el corto plazo.

Chile es la primera economía sudamericana que se incorpora a la Ocde. Por ello, entre sus deberes está la producción y distribución del conocimiento, pues pertenecer a la elite económica del desarrollo exige comportarse a la altura de las circunstancias.

Parecer y ser.

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