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Educación, Ensayos

Analfabetismo funcional y educación a distancia

Por Marcelo Cid Carreño

Introducción

Pretender, como se lo venimos escuchando a tantos políticos desde hace ya mucho tiempo, que en veinte, diez o cinco años seremos como Portugal, como España; y que Dinamarca o Nueva Zelandia podrían ser nuestros modelos, cuando sabemos que nuestros ejecutivos; o sea quienes toman las decisiones (no me atrevo a pensar en artesanos, obreros y otras categorías), no son capaces de interpretar cabalmente un texto sencillo, ni de expresarse por escrito con un mínimo de corrección, es pues sencillamente una quimera, cuando no una pura fantasía demagógica (Electorat, 2009).

Este diagnóstico sobre analfabetismo funcional en Chile corresponde al escritor local Mauricio Electorat, en su columna de octubre de 2009 titulada “Señores candidatos, ¿qué hacemos con nuestro analfabetismo funcional?”. ¿Exagerado? ¿Alarmista? ¿Preciso? Veamos.

La modalidad eLearning involucra el desarrollo y manejo de múltiples competencias en sus protagonistas. Una de las básicas es la capacidad de comprensión lectora. Con todo, en el contexto digital la información exige una nueva aproximación a tal aptitud. ¿El motivo? Internet –el pilar de este enfoque educativo– es un sistema que maneja sus propios códigos y particularidades, en ocasiones muy disímiles del libro impreso. Por lo tanto, resulta esencial para el éxito del proceso de enseñanza/aprendizaje en este escenario, la capacidad de adaptación –por ende, de rendimiento– del alumno y del profesor.

1. Statu quo chileno

El Informe Pisa –Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes– acusó recibo del nuevo escenario digital de aprendizaje en su versión 2009. La prueba, elaborada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, consiste en evaluar a los estudiantes de 15 años en tres materias: matemáticas, ciencias naturales y competencia de lectura.

En 2009, Pisa incorporó por primera vez su Electronic Reading Assessment, ERA, traducida libremente como Evaluación de Lectura Electrónica. En la ocasión, 17 países evaluaron a sus alumnos en el ámbito, Chile entre ellos.

Entre los objetivos de ERA está determinar si los jóvenes pueden discernir la pertinencia de una información entre múltiples fuentes de precisión incierta, como ocurre con Google o Wikipedia. En palabras del director del Informe Pisa, Andreas Schleicher, manejar información en un formato digital es “bastante distinto a hacerlo con textos impresos”. En consecuencia, ERA profundiza sobre “las competencias cognitivas que hacen falta para el uso efectivo de la tecnología” (Aunión, 20009).

¿De qué forma estos cambios –advertidos por las autoridades mundiales en educación– interactúan en el escenario de la educación a distancia en Chile? Para analizar el problema, necesitamos contextualizar nuestras habilidades en lectura. Por eso, repasemos información elemental.

En 2004, la Encuesta Internacional de Alfabetización de Adultos, en conjunto con el Instituto Nacional de Alfabetización de Estados Unidos, estableció que 85% de los chilenos entre 16 y 65 años tiene comprensión lectora en el nivel 1. Ello se traduce en que apenas pueden entender la etiqueta de instrucciones de un producto comercial. En dos palabras, analfabetos funcionales (Iriarte, s.f.).

En ese estado se encuentra el factor humano del que se nutre la educación a distancia en Chile.

2. Analfabetismo funcional

En 1978, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, definió al analfabeto funcional como la persona que sabe leer y escribir frases simples, pero es incapaz de desempeñarse con éxito personal y profesionalmente por medio de la escritura y lectura (Siteal, 2005).

En Chile, la educación obligatoria abarca 12 años, periodo formalmente definido como el mínimo necesario para desarrollar las competencias en lectura. Sin embargo, en el país existen casi cuatro millones de personas que no han completado tal instrucción (Arancibia, 2009). Con todo, precisemos que estos 12 años no son por ser garantía de un manejo adecuado en la materia analizada, como parece demostrarlo la medición citada.

El desarrollo de un lenguaje abstracto es uno de los principales factores que ha permitido la evolución de la especie humana. En este proceso, la potenciación de la capacidad lectora es inherente a cualquier tipo de progreso práctico y espiritual. Práctico, porque es la base de cualquier tipo de estudio académico; espiritual, porque la lectura es uno de los estímulos, quizás el principal, de la imaginación.

Mabel Condemarín fue una de las académicas que ha abordado la problemática de la lectura. En su publicación El poder de leer (2001), perteneciente al Programa de Mejoramiento de la Calidad de las Escuelas Básicas de Sectores Pobres del Ministerio de Educación chileno, resume la importancia de la lectura en siete puntos:

1) Es el principal medio de desarrollo del lenguaje.

2) Es un factor determinante del éxito o fracaso escolar.

3) Expande la memoria humana.

4) Moviliza activamente la imaginación creadora.

5) Estimula la producción de textos.

6) Activa y afina las emociones y la afectividad.

7) Determina procesos de pensamiento.

Condemarín, Premio Nacional de Ciencias de la Educación de Chile en 2003, definió con claridad que este dilema también debiera ser prioridad para quienes las cifras económicas son más importantes que el factor humano (Condemarín, 2001, p. 3):

el informe Géminis (…) constató que las habilidades de lectura contribuyen positivamente al crecimiento económico y a la productividad per cápita (…) los resultados demuestran (…) una relación directa entre competencias lectoras y Producto Interno Bruto (PIB). Mientras mayor es la proporción de adultos con mayores niveles de lectura, mayor es el ingreso per cápita.

Como datos que certifican la afirmación de la académica, consideremos que 25% de los egresados universitarios chilenos –la elite educativa de un país– se incluye en el nivel 4-5 de comprensión lectora, esto es, la habilidad de inferir de acuerdo con lo que se conoce y la capacidad de generar información nueva, con lo aprendido. En Estados Unidos, la cifra es de 60% (Olivares, 2007).

3. La lectura en la educación a distancia

Si tenemos claro el contexto nacional en competencia lectora, en consecuencia, también lo tendremos respecto del nivel de expresión escrita. En una palabra, paupérrimo.

En la educación a distancia la interacción en tiempo real entre profesor y alumno se reduce al mínimo o no existe. La comunicación entre ambas partes se produce –generalmente– por medio del correo electrónico o los foros virtuales. El material de las clases se ofrece a los estudiantes por medio de Internet y las evaluaciones, salvo excepciones que confirman la regla, se desarrollan por escrito.

Por ende, dos factores esenciales del éxito para el profesor y el alumno a distancia son los niveles de comprensión lectora y de expresión escrita que posean.

En el caso del docente –el responsable de adaptar los contenidos de acuerdo con los programas y requisitos particulares de la universidad– es imperativo que tales habilidades alcancen un nivel de excelencia. Debería sonar a pleonasmo recordar que es requisito para el profesor tener el mismo nivel de conocimiento en su materia, pero no está de más consignarlo.

Es legítimo entonces reflexionar sobre los criterios que las instituciones educativas están considerando para aceptar profesores y alumnos en cursos impartidos a distancia. Más aún, ¿existe conciencia de las habilidades y responsabilidades que la modalidad exige para sus protagonistas? ¿Se ha estudiado –con prolijidad y altura de miras– el perfil de profesionales que calificaría para practicar docencia en estas condiciones, o simplemente las clases se asignan por compadraje, a dedo? ¿Con qué nivel de reflexión y sustentación académica se adaptan los contenidos a esta modalidad? ¿Cuáles son los filtros? Todo esto, por cierto, discutiendo la problemática en términos ideales, omitiendo cualquier otro elemento que atente contra el desempeño académico del alumno y el profesor en este contexto. Léase condiciones laborales, familiares, económicas, psicológicas, tecnológicas, por nombrar algunas.

Conclusiones

Si enseñarle a leer y escribir o las cuatro operaciones a Juanito cuesta cien pesos, y Ud. gasta en ello cincuenta… ¿qué aprenderá Juanito? Nada” (Vial, 2009).

La cita pertenece al historiador chileno Gonzalo Vial, en su columna de La Segunda, del 25 de agosto de 2009. Con su profundidad e ironía características, el ex ministro de Educación retrató la tragedia que significa la educación encarada con criterios en el corto plazo, mezquinando recursos en las materias en que es imperativo.

Por ejemplo, en el caso de la educación a distancia, es central la implementación tecnológica, el perfeccionamiento docente, el control de competencias en el personal encargado de la elaboración de las clases, la investigación sobre las implicancias de la modalidad a distancia, por nombrar algunas. Si se legitima un criterio mercantilista, superficial y acomodadizo, la educación a distancia termina por convertirse en una tragedia griega cuyo final podemos inferir sin ser pitonisos.

Consideremos el siguiente escenario: contenidos redactados de forma incomprensible por el profesor; alumnos –quienes, a su vez, no entienden lo que leen– reciben este material deficiente; luego se produce una interacción entre ambas partes, las que al no entender lo que leen, tampoco pueden escribir lo que piensan. ¿Es el final de esta comedia de incompetencias? El fracaso de la educación y el desierto del espíritu.

Traducción para los amantes de las cifras económicas: descenso del PIB.

Si centrándonos en el plano más elemental de desarrollo de la educación a distancia –competencias lectoras y de redacción– podemos constatar este ominoso escenario, ¿qué esperar si profundizamos en las metodologías de enseñanzas y tecnicismos varios?

En ese contexto, surgen más dudas. ¿Cuál es, en definitiva, el verdadero sentido de la educación a distancia de hoy? ¿Entregar y exigir aprendizaje o simplemente repartir grados? Si está dirigida a un público adulto, ¿es –en la práctica y en el mejor de los casos– la educación a distancia principalmente un validador de conocimientos en sus alumnos, antes que un generador? Tales son las materias que exigen a gritos un análisis por y hacia sus protagonistas. Sin autocomplacencias, sin caretas, con la transparencia y honestidad que requiere cualquier proceso educativo.

En última instancia, pareciera ser que los requisitos para generar una educación a distancia de calidad no difieren de lo que se necesitan para cualquier otra actividad que involucre el desarrollo material y espiritual del ser humano: reflexión, esfuerzo e ingenio, los que unidos pueden suplir la escasez de aptitudes. Y, por cierto, un ítem que el buen docente reconoce como imprescindible en cualquier proceso educativo: la generosidad, entendida ésta como saber dar lo mejor en sí, en pos de generar aprendizaje.

La gran pregunta es, ¿poseen estas características los alumnos, docentes y responsables de la educación a distancia? Si no es así, podemos tener la certeza de que la contribución de la modalidad eLearning a al desarrollo de la sociedad será –en beneficio de pocos y perjuicio de muchos –una quimera, cuando no una pura fantasía demagógica.

Ni más ni menos.

Referencias

Arancibia, Nancy. La Nación. Analfabetos funcionales podrían llegar a los 4 millones en Chile. 8 de septiembre de 2009. Consultado el 19 de mayo de 2011. Disponible en: http://www.lanacion.cl/noticias/site/artic/20090907/pags/20090907215706.html

Aunión, J.A. La era digital llega al informa Pisa. El País, 9 de febrero de 2009. Disponible en http://www.elpais.com/articulo/educacion/era/digital/llega/Informe/Pisa/elpepusocedu/20090209elpepiedu_1/Tes

Condemarín, Mabel. El poder de leer. Primera edición 2001. Programa de Mejoramiento de la Calidad de las Escuelas Básicas de Sectores Pobres (P-900). División de Educación General. Ministerio de Educación. República de Chile. Disponible en http://www.mineduc.cl/usuarios/basica/doc/200510031317130.El_Poder_de_Leer.pdf

Electorat, Mauricio. Señores candidatos, ¿qué hacemos con nuestro analfabetismo funcional? El Mercurio- 25 de octubre de 2009. Disponible en www.fjguzman.cl/put_document.php?file=file_4aeb81f082fcf.pdf

Iriarte Díaz-Granados, Fernando (s.f.). Comprensión lectora de grupos con alto y bajo desempeño lector frente a diferentes tipos de hipertexto. Ponencia cognición, aprendizaje y currículo. Consultado el 4 de mayo de 2011. Disponible en: http://www.colombiaaprende.edu.co/html/mediateca/1607/articles-105134_archivo.pdf

Olivares, 2007, Investigación reciente: casi la mitad de los estudiantes universitarios no entiende lo que lee, disponible en http://www.huellasdigitales.cl/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=2548&Itemid=2

Siteal. Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina, 2005. El analfabetismo funcional entre la población adulta de América Latina. Sin autor. Unesco; IIPE, Buenos Aires; OEI. Disponible en http://www.siteal.iipe-oei.org/sites/default/files/analfabetismo_funcional.pdf

Vial, Gonzalo. Otra educación, otro país. La Segunda. 25 de agosto de 2009. Disponible en: http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2009/08/25/otra-educacion-otro-pais.asp

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