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Ensayos, Sociedad

Juventud rural: ¿Producir o liderar?

Por: Maite Hernando Arrese

“La juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen

socialmente en la lucha entre viejos y jóvenes”

(Pierre Bourdieu)

RESUMEN

En el presente documento, se indaga sobre las políticas públicas dirigidas a las juventudes rurales en Chile, bajo regímenes democráticos (1990 a la actualidad). Inicialmente, se presentarán aspectos teóricos centrales de la discusión en torno a la juventud, entendiéndola como un concepto amplio y variable, de acuerdo con las condiciones sociales que lo enmarcan y que deriva en la existencia de múltiples juventudes. Posterior a ello, se examinará el contexto en el que emergen diversas instituciones encargadas del desarrollo de políticas sobre juventud, principalmente el Instituto Nacional de la Juventud  (INJUV), sus principales funciones y alcances. Finalmente, se analizan las formas de intervención dirigidas a los jóvenes rurales, principalmente desde el enfoque con el que se gestan estas intervenciones, y la necesidad de generar una mirada multidimensional que integre temas invisibilizados hasta ahora.

Palabras clave: Juventud Rural, INJUV, Políticas Públicas.

INTRODUCCIÓN

Juventud pareciese ser un concepto categórico, pero ha de entenderse como una etapa por la que atraviesan una gran cantidad de personas, de distintos países, ciudades, estratos socioeconómicos, credos, sólo por mencionar algunas de las características que los distinguen. De este modo, no es posible hablar de juventud sin indagar más bien en juventudes, porque el primer concepto puede hacer referencia a una estipulación biologisista, que establece que quien esté en un rango de edad entre los 15 a 24 años (OIT) o entre los 15 y 29 (ONU) es joven. Pero eso no explica los aspectos cualitativos que distingue lo que es ser joven en distintos contextos sociales, particularmente en sectores rurales.

En el caso chileno, es indiscutible que, debido a la centralización de las políticas públicas, se invierte menos recursos en zonas rurales. A raíz de ello, perdura en el imaginario la tesis sobre el “atraso” de estos sectores, planteándose así una especie de paradoja entre los conceptos de juventud y ruralidad: “la juventud y lo rural, en tanto constructos teóricos, aparecen como contradictorios e irreconciliables”[1], mientras el primero da cuenta de lo moderno, el segundo es el retrato de lo añoso y anticuado. Sin embargo, no se considera que el sector rural sea muy diferente a lo que existía años atrás y que “una gran proporción de jóvenes trabajan fuera del campo y en gran parte fuera del sector agrícola y otra parte importante deja sus lugares para vivir en zonas urbanas”[2].

Si bien durante la democracia pueden apreciarse ciertos avances en relación al periodo precedente (como la creación del Instituto Nacional de la Juventud), la juventud chilena sigue siendo un actor social invisibilizado, que se estereotipa desde lo “carente” y que no ha logrado constituirse como sujeto de derecho, en función a sus particularidades sociales, políticas, culturales, económicas, ambientales, sólo por mencionar algunas. Persiste un retrato en torno a la juventud como amenaza para el orden social, que no ha logrado resolver la exclusión que ha afectado de forma persistente a este segmento de la población.

A continuación, se trabajará sobre los conceptos de juventud y juventudes. Posteriormente, se revisarán los aspectos centrales de las políticas y programas dirigidos a la juventud rural, principalmente desde INJUV. Posterior a ello, se revisarán los temas de liderazgo y espacios de participación, y su relevancia en los contextos rurales, para finalizar con las principales conclusiones generadas a partir del presente documento.

  1. Juventud de Juventudes

Casi como un ordenamiento natural, las sociedades tienden a segmentar a los sujetos que la componen en función a su edad y las actividades que, en relación a ello, deben realizar. Niños, jóvenes, adultos y ancianos cumplen roles diferentes, que a su vez dan cuenta del ciclo que viven y las responsabilidades –o no– asociadas a él. Estos roles obedecen a una serie de fenómenos que han dado forma a la sociedad que los contiene, y que son irrepetibles entre sí.

En sociedades occidentales y urbanas, donde el sistema neoliberal se encuentra afianzado, ser joven se asocia principalmente a un espacio de ocio y holganza, o lo que se conoce también como espacios intersticiales (Feixa y Porzio; 2004), en los cuales se abre una especie de paréntesis previo a enfrentar las responsabilidades de la adultez. Asimismo, se habla también de espacios de moratoria, caracterizados por la especialización de los jóvenes a través del incremento de sus niveles de educación, lo que sería una importante diferenciación respecto de la adultez.

“Una de las consecuencias que deriva de la consideración de que la educación y el estudio corresponden a la condición ideal del ser joven, es la creencia de que el trabajo y la incorporación al mundo laboral es un tema adulto y no joven”.[3]

La moratoria se vincula a las sociedades de la abundancia y no todo en ello pareciera ser gratuito sino que, contrariamente, el costo sería exclusión y subordinación (Bourdieu; 1990). Estos constructos teóricos no son aplicables a todas las esferas en las que hoy se desenvuelven los jóvenes. Ser joven, como  hemos venido diciendo, es mucho más que estar o no en los rangos de edad que establecen diferentes organismos (la ONU considera jóvenes a quienes están entre los 15 y 29 años, y la OIT reduce el rango a quienes tienen entre 15 y 24 años[4]), está determinado también por la diversidad económica, social, política y cultural que lleva a la multiplicacidad de juventudes.

Se torna importante distinguir entonces entre juventud y juventudes. La primera, podría ser una tipología preestablecida, en miras a hacer más eficiente el desarrollo de programas y políticas públicas, pero ha de entenderse que dentro de esta categoría se desagregan una gran variedad de juventudes, como las urbanas y rurales (y sus propias desagregaciones internas), sobre las que nos interesa indagar. Ser joven de zonas urbanas y ser joven en zonas rurales supone consideraciones bastante distintas, si bien los jóvenes de zonas rurales cuentan hoy con más posibilidades de acceder a la educación superior, eso no es garantía de contar con espacios intersticiales, de moratoria, ocio y holganza (aunque ello tampoco es garantía para un gran porcentaje de jóvenes de zonas urbanas). Ser joven no es algo que determine necesariamente un único estilo de vida, debido a que:

“(…) hoy en día no se puede hablar de una sola juventud sino más bien de muchas juventudes. Es decir, el segmento juvenil presenta una variedad de características que la hacen imposible de clasificar dentro de una sola tipología de análisis”.[5]

Considerando lo anterior, es necesario profundizar en las políticas públicas focalizadas en este segmento de la población, analizando si en ellas se hace o no algún tipo de distinción sobre la diversidad de juventudes que conviven en territorio nacional, o si más bien se encuadran en un concepto categórico y transversal durante su desarrollo.

  1. Democracia y Políticas Públicas para la Juventud en Chile

Aunque nos focalizaremos en el periodo que va entre 1990 hasta la actualidad, es necesario tomar algunas consideraciones de los periodos precedentes, que nos permitan contextualizar las políticas y programas surgidos en democracia.

En la década del 60, bajo el gobierno de Eduardo Frei Montalva, existía en el imaginario que los jóvenes eran aquellos que cumplían con el rol de estudiantes y, por tanto. las políticas y programas eran gestados principalmente desde el Mineduc y se centraban en extender la educación básica y media, el deporte recreativo y los voluntariados en el país (Leibovitz; 2006). No existía una entidad dedicada exclusivamente a los jóvenes. En el periodo posterior, durante el auge de la Unidad Popular,  la responsabilidad de esta labor quedó en manos de la Secretaría General de Gobierno, desde donde se impulsaron una serie de iniciativas ligadas principalmente al fortalecimiento de los voluntariados y la generación de nuevos estudios. En 1973, hubo un giro en las políticas juveniles, marcadas por la represión de la dictadura militar, desde donde los jóvenes se veían como seres volubles ante el germen marxista, por tanto, debían fortificarse los esfuerzos para evitar que el futuro de la patria cayera nuevamente en manos del comunismo. Para ello, se creó por vez primera una institución dedicada exclusivamente a este segmento de la población: la Secretaría Nacional de la Juventud. Su objetivo era mejorar la comunicación entre el gobierno y las juventudes del país, pero con una débil agenda programática. Si consideramos además, que bajo este periodo comienza a gestarse el modelo neoliberal en Chile, abriendo un abismo entre los jóvenes urbano populares y los jóvenes de las clases acomodadas, las protestas y reclamos no tardaron en llegar. A través de estas protestas, se construye la idea de la “deuda social” hacia los jóvenes, y que se constituye en una tarea fundamental para la Concertación de Partidos por la Democracia.[6]

Desde la década del 90, entonces, los esfuerzos se centraron en dar solución a la “deuda social” a través de la focalización de la política social en manos de una nueva institución el INJ (Instituto Nacional de la Juventud) dependiente de Mideplan. El grupo objetivo de esta institución se focalizaría en las personas de entre 15 y 29 años de edad, y las tareas de la institución se centran más en ejecutar que en coordinar las políticas públicas dirigidas a los jóvenes.

Inicialmente, las políticas se centraron en el campo cultural, del ocio y el tiempo libre (Leivobitz; 2006), dando cuenta de las necesidades que habían planteado los jóvenes beneficiarios de ellas. Así surgen las casas de juventud, los albergues y la tarjeta joven, políticas que inclusive siguen muy vigentes en la actualidad. A esto se suma el Programa de Oportunidades para Jóvenes (Projoven), cuyo objetivo consistía en ofrecer una serie de programas destinados a disminuir la brecha existente entre trabajo y educación, fomentando la continuación de los estudios en este segmento de la población. Por otro lado, esta institución buscaba levantar información a través de la realización de encuestas nacionales de juventud, en las que surge una idea novedosa para muchos: la juventud es heterogénea.

A pesar de los logros institucionales, en 1997 hubo una crisis debido a acusaciones de malversación de fondos que llevó al despido masivo de los principales directivos. El rápido éxito que había alcanzado esta institución llevó a que a su vez, el Estado delegara sobre ella muchas más responsabilidades de las que podía enfrentar con su débil estructura organizacional. Debido a esta crisis, el presupuesto se redujo considerablemente y debieron cerrarse una serie de programas. Desde 2003 a la actualidad, los esfuerzos se han centrado en fortalecer los estudios que existen acerca de juventud a través, por ejemplo, del Observatorio de Juventud, que tiene una revista disponible en el sitio web de esta institución

De acuerdo al último censo realizado en  2002, la población entre los 15 y 29 años correspondía a 24,5%, vale decir que casi un cuarto de la población del país es joven. Si consideramos que además el presupuesto con el que cuenta INJUV corresponde a  un 0,25% del presupuesto de Mideplan, es incuestionable acotar sobre lo reducido que es. Por otro lado, el INJUV, de acuerdo con la ley 19.942, es sólo un organismo asesor de la Presidencia de la República, por ende, no le corresponde ejecutar las políticas públicas, sino más bien desarrollar nuevos conocimientos sobre los jóvenes.

  1.  ¿Y la juventud rural?

Las políticas orientadas a la juventud rural han estado a cargo de instituciones de diversa índole como organismos no gubernamentales -que adquieren mayor participación en el ámbito público a partir de la década del 90-, organismos internacionales con larga trayectoria en el tema (FAO, IICA, Cepal, por mencionar algunos) y algunas instituciones públicas. A raíz de lo anterior, las políticas generadas por el Estado chileno, obedecen a sugerencias propuestas por estas instituciones más que a demandas reales de las juventudes rurales. La gran variedad de actores e instituciones que comparten intereses respecto a este tema, ha llevado a la articulación de una serie de iniciativas tales como: el Primer Seminario Internacional de Políticas de Juventud Rural en América Latina (FAO, Indap, Inproa e INJ); Seminario de Expertos sobre Juventud Rural, Modernidad y Democracia en América Latina (Cepal); Seminario de Juventud Rural y microempresa (Indap), por mencionar algunas (Pezo, 2008).

En cuanto a lo anterior,  las políticas orientadas a la juventud rural en Chile provienen principalmente del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), que desde 1991 ha sistematizado información, ha producido materiales para la elaboración de programas, ha diseñado, ejecutado y evaluado programas específicos en juventud rural y ha participado en encuentros nacionales e internacionales referidos al tema (Pezo; 2008). Dentro de los programas ejecutados por esta institución, los más relevantes son:

–          Programa piloto para la creación de microempresas por parte de jóvenes egresados de escuelas agrícolas.

–          Programa piloto de motivación e información microempresarial.

–          Programa de Capacitación para el Trabajo Independiente Rural (CTI).

–          Programa de Transferencia Tecnológica de Fomento (PTTF).

–          Servicio Rural Joven.

El INJUV ha desarrollado una labor que tiene relación con el levantamiento de información referida a este segmento de la población.  Al ser un organismo asesor, esta institución puede proponer las políticas, pero éstas siempre se encontrarán sujetas a la aprobación o no por parte de la presidencia. Sin embargo, es importante destacar la labor realizada en torno a capacitaciones orientadas a fortalecer las organizaciones juveniles de sindicatos y cooperativas pertenecientes al sector rural. A esto, se suma la iniciativa de crear un “Bloque Rural Joven”, a través del cual se buscaba generar una política integral para este sector, que sólo quedó en una fase propositiva.

Podemos observar que las políticas orientadas a la población rural joven se relacionan directamente al ámbito productivo, por sobre la generación de políticas en torno al campo cultural, del ocio y el tiempo libre. De acuerdo con ello, el joven rural se define como carente de oferta educativa, lúdica, recreativa, cultural entre otras (Amtmann, 1986).  Al mismo tiempo:

“(…) cuenta con débiles espacios culturales propiamente juveniles y un periodo de moratoria o postergación de la asunción de roles adultos diferenciales”[7]

En este contexto, es necesario acotar sobre un aspecto relevante, que no profundizaremos mayormente en el presente artículo, y que dice relación con las brechas que se abren a partir de los curriculums educativos y los estilos de vida de los jóvenes. El joven rural no sólo carece de oferta educativa, sino que la que existe se asocia en mayor medida a estilos de vida de los jóvenes urbanos, por lo mismo:

“Se debe verificar también la pertinencia del actual currículo de educación en el mundo rural (…) La educación formal estaría basada en un paradigma de juventud Urbana, y sus intereses y proyectos de vida”.[8]

Además, como indicamos anteriormente, los jóvenes rurales no cuentan necesariamente con espacios de moratoria, lo que nos lleva al debate que se genera en torno a las moratorias negativas, entendidas como la ausencia de moratoria debido a la inexistencia de espacios, territorios, tiempos de ocio o consumo propiamente juveniles. De este modo, el joven rural debe asumir funciones adultas, a través de matrimonios e inserción laboral a edades muy tempranas, y el periodo de moratoria prácticamente no existiría (Gonzalez; 2003).

La moratoria no es un concepto que nos permita generar una idea clara en relación a la juventud, debido a que sus variaciones son tantas como tipos de juventud hay. Tratar, incesantemente, de generar categorizaciones que nos permitan vislumbrar los escenarios sobre los que se desenvuelven los jóvenes, no nos permitiría trabajar adecuadamente sobre soluciones que sean atingentes a las dinámicas de las cuales son parte. En este contexto:

“(…) surge la necesidad de modificar los enfoques de juventud y de dejar de pensar en los sujetos jóvenes en términos de moratoria social, sino más bien de promover el desarrollo de su autonomía y su capacidad autorreflexiva. Esto significa, por un lado, no infantilizar a los jóvenes, reduciendo lo juvenil exclusivamente a la educación y el tiempo libre”.[9]

  1. Liderazgo y Participación, ¿parte de la solución?

Las políticas dirigidas hacia los jóvenes rurales se centran, fundamentalmente, en la generación de nuevas empresas productivas, y capacitaciones idóneas para ello. Este enfoque de política es de corte verticalista, se impone desde la creencia de que el joven rural está “carente” y que la solución va de la mano con el aumento de la productividad de diversos negocios. No se abren espacios de diálogo, en los cuales los jóvenes puedan plantear propuestas para el desarrollo de sus territorios, y en gran medida existe una apropiación del discurso sobre productividad en casi todos estos espacios.

Tal situación acontece debido a que, en el contexto rural, predominan los modelos tradicionales de liderazgo imperantes en la sociedad chilena (autoritarios y clientelistas), los cuales impiden el desarrollo de un nuevo modelo entre los dirigentes jóvenes”[10] No existe un motor que promueva el liderazgo político de los jóvenes en las zonas rurales, sino que por el contrario, existe un desincentivo creciente para la ocupación de cargos dirigenciales en estos sectores del país. Por ello, resulta fundamental complejizar los enfoques existentes en torno a la juventud para generar una participación que trascienda lo meramente simbólico, abriendo paso a una participación material de los jóvenes en la construcción de su propio desarrollo. No basta con iniciativas que promuevan las capacitaciones comerciales, sino que se requiere de capacitaciones orientadas a la formación de una ciudadanía juvenil rural, capaz de promover un sistema de desarrollo desde lo existente y no desde lo carente.

“(…) es urgente la definición de políticas sociales que permitan el surgimiento de un modelo alternativo de liderazgo, que potencie la ciudadanía juvenil rural. Además, tiene estrecha relación con la permanencia de la juventud en el campo, y la búsqueda de alternativas educacionales y laborales que se adapten a su estilo de vida”[11]

Las capacitaciones dirigidas a los jóvenes rurales no son en sí mismas perniciosas, por el contrario, permiten a los jóvenes contar con herramientas significativas. La crítica recae entonces sobre el enfoque reducido que tienen al puntualizar aspectos sólo de negocio rural, sin generar un panorama macro que permita converger aspectos económicos, políticos y sociales relevantes en el contexto rural. No se puede apuntar entonces a generar una multiplicidad de pequeños negocios rurales, si no se aborda también una estrategia que permita el empoderamiento y la conformación de un nuevo discurso y estilo de liderazgo no conocido hasta ahora. En este sentido:

“El liderazgo que reclama la ruralidad contemporánea de América Latina es multidimensional y debe tener la capacidad de promover la formación de liderazgo económico, liderazgo social y liderazgo político entre los jóvenes”.[12]

La forma en la que se agendan, diseñan, planifican, ejecutan y evalúan las políticas públicas, no contempla un espacio de participación vinculante para la ciudadanía. A raíz de lo anterior, la política es entendida como algo ajeno, que está a mano de los políticos y que no compete a la sociedad civil participar de estos procesos. La mayoría de las políticas y programas de desarrollo rural todavía tienden a tratar a los beneficiarios como objetos de políticas, no como agentes activos de este proceso[13].

Abrir el prisma bajo el cual se observa a la juventud rural, parece fundamental en el proceso de elaboración de políticas públicas para este segmento de la población. Es necesario considerar la importancia que adquiere el fomento de una nueva forma de liderazgo comunitario que releve el rol de actor social de la juventud rural, promoviendo no sólo la participación y el capital social, sino que a su vez la revalorización de los sistemas de conocimientos que predominan en los sectores rurales y que, hasta ahora, han sido invisibilizados en cada una de las etapas que contemplan la elaboración de las políticas públicas. Parece importante entonces, dejar de lado el prisma de lo carente, para contemplar la integridad de un territorio previo a generar una intervención social, con la finalidad que predomine una forma de desarrollo que tenga significancia para los actores sociales que lo habitan.

CONCLUSIONES

A lo largo del presente documento, se ha hecho un breve resumen sobre el enfoque bajo el cual el Estado ha observado la juventud en Chile. Durante la década del 60, la juventud se asociaba a los estudiantes, y por ello las políticas se dirigían a mejorar, principalmente, el acceso a la educación. Durante la década del 70, a raíz de la efervescencia social que se gesta en el gobierno de la Unidad Popular, el rol de la juventud toma un matiz que trasciende la escolaridad y que apunta a la renovación política. En la década del 80, a raíz de la dictadura militar, se origina una especie de invisibilización de la juventud, quienes dejan de ser sujetos de atención por parte de las políticas públicas surgiendo lo que popularmente se conoce como “deuda social” hacia la juventud. Finalmente desde 1990, periodo en el que centramos el presente artículo, la Concertación ha hecho una serie de reformas, siendo la más significativa la creación del INJUV. A través de esta institución, se ha generado una serie de estudios abocados a generar un diagnóstico de la situación de la juventud en el país.

En términos generales, podría creerse que bajo este breve resumen las políticas dirigidas hacia la juventud van en un ascenso positivo, pero en este análisis no se daría cuenta de una serie de factores de los que hablamos anteriormente. El INJUV cumple un rol de informante y asesor de la presidencia, y no es a partir de él que se generan las políticas. A su vez, el enfoque que se plantea desde esta institución no contempla la diversidad de juventudes que comparten el territorio nacional, y se cae en una mirada urbana y restrictiva que excluye a los jóvenes de zonas rurales.

Los programas y políticas que predominan hoy en los territorios rurales, están orientados a la generación de negocios, que buscan incrementar la productividad, y la inserción a diversos nichos de mercado. Poco o nada se dice sobre la necesidad de fomentar el liderazgo de los jóvenes, a través de capacitaciones que les permitan considerar un enfoque multidimensional sobre sus territorios, que incluye no sólo la productividad, sino que también particularidades políticas y sociales. Cada vez menos es el nivel de participación política para este segmento de la población, y lejos de ser una preocupación de Estado, existe un desincentivo creciente hacia el papel que tienen los dirigentes sociales, principalmente jóvenes, tanto en zonas rurales como en zonas urbanas.

Resulta necesario entonces, generar una estrategia que permita fortalecer las organizaciones sociales de las zonas rurales, para que prime un estilo de desarrollo comunitario en el que los sistemas de conocimientos no sean arrasados por considerarse obsoletos. Fomentar el liderazgo político es una oportunidad para la revalorización de estos sistemas de conocimientos, y para la formulación de un modelo de desarrollo local que dé cuenta de las riquezas que tiene un territorio que no solo “adolece” o está “carente”.

REFERENCIAS

  • Aravena, Andrea (2008). “La necesidad de una perspectiva de Juventud en la Política Pública”. Revista Observatorio de Juventud del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV),  Perspectivas de Juventud y Políticas Públicas, N°18, Santiago.
  • Cárdenas, Ana y Hein, Kerstin (2009). “Perspectivas de Juventud en el Imaginario de las Políticas Públicas”, Última Década N°30, Santiago.
  • Duhart, Daniel (2004). “Juventud Rural en Chile ¿Problema o Solución?”. Última Década N°20, CIDPA, Viña del Mar.
  • Durston, Jhon (1998) “Juventud y Desarrollo Rural: Marco Conceptual y Contextual”. CEPAL, Serie de Políticas Sociales N°28, Santiago.
  • Feixa, C. y Porzio, L. (2004) Los estudios sobre culturas juveniles en España (1960-2003). INJUVE, Estudios de Juventud N°64. Madrid.
  • González, Yanko (2003) “Juventud Rural: Trayectorias teóricas y dilemas identitarios”. Revista Nueva Antropología N°63, México.
  • Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (2000). Jóvenes y nueva ruralidad: Protagonistas actuales y potenciales del cambio. Serie de documentos conceptuales N°2000-02.
  • Leivobitz, Talia (2006), Políticas Públicas de Juventud en Chile: Historia y Representaciones. Revista Observatorio de Juventud del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV),  Políticas Públicas de Juventud, N° 9, Santiago.
  • Pezo, Luis (2008). Aproximación a la Trayectoria de Intervenciones e Investigaciones sobre Juventud Rural en Chile (1948-2008). Última Década N°29, CIDPA, Valparaíso.

[1] González, Yanko (2003) “Juventud Rural: Trayectorias teóricas y dilemas identitarios”. Revista Nueva Antropología N°63, México. Pp155.

[2] Durston, Jhon (1998) “Juventud y Desarrollo Rural: Marco Conceptual y Contextual”. CEPAL, Serie de Políticas Sociales N°28, Pp 24.

[3] Cárdenas, Ana y Hein, Kerstin (2009). “Perspectivas de Juventud en el Imaginario de las Políticas Públicas”, Última Década N°30, Santiago.

[4] González, op.cit., 158.

[5] Aravena, Andrea (2008). “La necesidad de una perspectiva de Juventud en la Política Pública”. Revista Observatorio de Juventud del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV),  Perspectivas de Juventud y Políticas Públicas, N°18, Pp 22.

[6] Este breve resumen histórico puede verse en más detalle en: Leivobitz, Talia (2006), Políticas Públicas de Juventud en Chile: Historia y Representaciones. Revista Observatorio de Juventud del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV),  Políticas Públicas de Juventud, N° 9, Pp 21-23.

[7] González, op. cit., 162.

[8]  Duhart, Daniel (2004). “Juventud Rural en Chile ¿Problema o Solución?”. Última Década N°20, CIDPA Viña del Mar. Pp 125.

[9] Cárdenas, Ana y Hein, Kerstin (2009). “Perspectivas de Juventud en el Imaginario de las Políticas Públicas”, Última Década N°30, Santiago.

[10] Duhart, op. cit., 131.

[11] Idem.

[12] Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (2000). Jóvenes y nueva ruralidad: Protagonistas actuales y potenciales del cambio. Serie de documentos conceptuales N°2000-02.

[13] Durston, op cit., Pp 34.

Comentarios

Un comentario en “Juventud rural: ¿Producir o liderar?

  1. Señorita
    Maite Hernando Arrese
    Junto con saludarle y desear que se encuentre muy bien, primero quiero agradecer enormemente la posibilidades que nos da de conocer su trabajo, que además está muy interesante, y también me gustaría saber si usted tiene más información en relación a la juventud rural, necesito información en relación a las “causas y consecuencias de la deserción escolar de hijos de familias campesinas”.
    De ante mano agradezco cualquier información que Usted me pueda hacer llegar.
    Atte
    Wilson Albornoz Rojas.
    wilorma@gmail.com

    Publicado por Wilson E. Albornoz Rojas | marzo 13, 2012, 7:58 pm

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