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Columnas, Educación, Sociedad

Democracia es resistencia

Por Francesco Petrone

¿Qué tienen en común los movimientos como el de Occupy Wall Street y el de los indignados en España? ¿Qué se pide en las protestas griegas y en aquellas de los estudiantes chilenos? Esta es la pregunta que me repito cada vez que enciendo la tele y veo que en todo el mundo hay un fuerte descontento con la sociedad actual y el mundo en que vivimos.

En Nueva York, como en Madrid, Atenas y Santiago de Chile (y en muchas  otras partes del mundo) se sale a la calle porque la “democracia” no responde, en este momento historico, a las necesidades de aquellos que deberían ser sus protagonistas: nosotros, los ciudadanos. Aunque los límites de la democracia liberal ya se iban manifestando desde hacía tiempo, ha sido durante el 2011 que su fracaso se ha ido concretizando siempre más, destacado por la desesperación de la gente que pide más participación, más protección, pero sobre todo, más dignidad y respeto de los derechos  humanos.

No es posible concebir un mundo en el que los ciudadanos son víctimas y no los protagonistas del sistema, como en España o en América, donde las personas salieron a las calles para revelarse contra los bancos y los políticos incapaces de garantizar empleo y respeto por los derechos de los ciudadanos que deberían representar.

En Grecia, la situación es más difícil: un alarmante aumento del desempleo, la crisis económica en el borde de la catástrofe y la intervención de la “madre” Unión Europea que proporciona ayuda a sus “hijos más débiles”,  con grandes cantidades de dinero, a devolverle con un interés muy alto. Además de eso, como medio para poner en marcha unas medidas definidas por algunos como “obligatorias” (donde, como siempre, quien paga las consecuencias son siempre los mismos, y no la “casta” de los gobernantes o de los super-ricos) llegó un equipo de técnicos de la política que saben cómo tratar  estas grietas con el medicamento adecuado: una mezcla de recortes y recargos a los pobres, para ayudar a las empresas y los bancos. Una vez más, no lo logramos.

Estos tecnócratas, en mi opinión y con la debida contextualización, son parecidos a los famosos Chicago Boys, que  trajeron a Chile mucha “suerte y felicidad”  durante el período de la dictadura. Son aquellos que han dado a Chile el sistema educativo por el cual los estudiantes salieron a la calle a protestar. El año 2011 sin duda pasará a la historia como el año en que el pueblo ha hecho oír su voz, advirtiendo que no se rendirá.

En Chile, no fue la primera vez que los estudiantes llenaban las calles  y se enfrentaban con la policía: en otras circunstancias (famosa es, entre otras,  la protesta de los Pinguinos en 2006)  han tratado de mejorar el sistema educativo marcado por la LOCE (Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza), pernicioso legado de Augusto Pinochet, reivindicando el derecho a una educación secundaria y universitaria digna y que no sea víctima de la especulación capitalista.

Estos jóvenes han llamado la atención de todo el mundo hacia un problema que en una democracia occidental es de fundamental importancia: el de la igualdad de oportunidades. ¿Cómo se puede llamar democrático un sistema que hace  distinción entre sus ciudadanos y que perpetúa una situación de divisiones sociales y diferencias de casta, casi como ocurre en la India? ¿Es posible que la educación sea decidida por las inversiones de los bancos? ¿Se puede decir que una democracia es de verdad si sus ciudadanos son discriminados entre ellos, sintiéndose automáticamente divididos, incluso extraños, a pesar de que viven en el mismo país donde, en teoría, deberían convivir para alcanzar  los mismos intereses?

Estas son algunas de las preguntas clave que debemos plantearnos para saber lo que queremos en el futuro de la democracia. Lo que une a todos los movimientos es un descontento difundido, contextualizado en los diferentes países, en contra de algo que no ha cumplido sus promesas, como diría Norberto Bobbio. Si bien éstos son sólo algunos de los movimientos que han surgido en casi todo el mundo y que han hecho del 2011 un año tan caliente, son un buen ejemplo de lo que ahora ya no funciona de la democracia liberal, así entendida.

Sin embargo, hace ya un  tiempo, estos movimientos parecen haber perdido fuerza. En Grecia, a la última manifestación (que remonta a noviembre) asistieron poco más de quince mil personas, nada comparado con los cientos de miles de personas que han salido a la calle durante abril y mayo. Parece que la gente esta satisfecha de la llegada de los técnicos, en quienes han  puesto las esperanzas frustradas por sus políticos.

En España, el movimiento de los indignados se ha desplazado a los barrios, tratando de mantener la participación activa, a pesar de que perdió el vigor de mayo, cuando miles de personas acamparon en la Plaza Mayor de Madrid y en la Plaza Catalunya en Barcelona, así como en muchos lugares de otras ciudades españolas.

En  EE.UU., debido a que estos movimientos nacieron un poco más tarde que los otros, se siguen oyendo noticias sobre activistas desalojados de las plazas, o que intentan atraer a la opinión pública hacia sus problemas.

En Chile, el movimiento estudiantil parece ahora desorientado. Las elecciones estudiantiles han decretado un cambio de líder de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), llevando a la cabeza del movimiento a Gabriel Boric, quien ha substituido la guía de Camila Vallejo, figura carismática y alma de la protesta.

Para descreditar el movimiento, hay quienes dan una interpretacion distorsionada de las elecciones, planteando que, por medio de su voto, los estudiantes muestran que el movimiento se ha rendido y que ha perdido fuerza, y en cierta forma, su resignación a lo que el gobierno les ha concedido, esto es, ¡nada!.  En cambio, debemos ver este cambio de guardia como el momento en que el movimiento se está planteando una dirección nueva. Quieremos creer que las protestas continuarán en otras formas,  para lograr las mejoras que la educación en Chile necesita.

En general, aunque actualmente están inactivos, estos movimientos no pueden y no deben detenerse. Deberían reflexionar sobre la forma en que nacieron, qué dirección han tomado y qué se puede mejorar dentro de ellos para que sean más eficaces. Tienen  que resistir, al estilo indicado por Michael Foucault, con el objetivo de mejorar el sistema y hacer este mundo más habitable. Debemos continuar nuestra lucha para un mundo más justo y una democracia que todavía está lejos de ser una verdadera democracia.

Ruta de las imágenes
 
Imagen destacada:
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Democracia real ya:
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Estudiantes chilenos:
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Occupy Wall Street:
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