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Educación, Entrevistas, Sociedad

José “Cachito” Ortiz: el pequeño gran hombre

Por Marcelo Cid Carreño

Parte de su currículo en más de 40 años de periodismo: jefe de la sección de política de El Diario Ilustrado y de El Mercurio, jefe del Departamento de Estudios del Consejo Nacional de Televisión, jefe del Departamento de Radio y Televisión en la Embajada de Estados Unidos, además de trabajar en Canal 13 y en las radios Chilena, Minería y Portales.

José Augusto Ortiz Segundo dice su cédula de identidad, pero su nombre para el medio y sus alumnos de la Escuela de Periodismo de Universidad UNIACC se sintetiza en Cachito. El origen del apelativo se remonta a su llegada a Santiago desde la región del Biobío, para trabajar en El Diario Ilustrado.

“Un colega se olvidó que tenía turno –recuerda Ortiz- y el jefe me dijo, ‘usted, es joven y soltero, ¿por qué no se queda esta noche?’. Entonces me pusieron así, porque me tocaban todos los cachos”.

Más que un sobrenombre, el alias se transformó en su carta de presentación. Tanto así que cuando “entrevistaba a políticos y la secretaria me anunciaba, después el diputado o senador me decía ‘por qué no te presentaste por Cacho, te habría recibido antes’”.

Formación familiar

El profesional, quien hizo su práctica en la radio Simón Bolívar, comenzó su labor como periodista en el diario La Patria, de Concepción, motivado por el ejemplo de su padre, Augusto Ortiz.

“Él trabajaba en la industria de paños y era corresponsal del diario La Patria”, explica, “al llegar a la casa, él llamaba por teléfono al diario a dar la noticia. Al periodista que más vi en acción fue mi padre, él fue mi modelo profesional”.

Su madre, Ascención Segundo, “era profesora normalista y nos corregía el lenguaje. Si yo decía ‘es que en el accidente hubieron 50 muertos’ ella me interrumpía: ‘¡Hubo, José, hubo!’. Éramos cinco hermanos y los tres mayores teníamos como obligación leer el diario y estar al día”, recuerda.

Enamorado de la radio, en la embajada de Estados Unidos el oriundo de Tomé creó el programa “Dimensión internacional”, aún vigente: “Salía en 80 radios del país, con una red que yo mismo estructuré. Eran radios de familias, desde Calama a Punta Arenas”.

“Yo no tengo doctorado y no tengo magíster –aclara Ortiz- todos los periodistas de mi época terminábamos con el título de periodista, ni siquiera con la licenciatura en comunicación social, pero hice todos los sectores en periodismo: político, laboral, policial, económico, educacional y hasta religioso”.

Quizás la única especialidad que nunca atrajo a Ortiz fue la deportiva. Tanto así que para el Mundial de 1962, en Chile, cuando en El Diario Ilustrado lo querían enviar a la sede de Rancagua, “les dije ‘lo único que sé es que la cancha es cuadrada’, y el jefe me dijo ‘no, es rectangular. Mejor ándate por todo el Mundial a Tomé’, y allá disfruté de las exquisiteces que me hacían en la casa”.

El currículo de Cachito no sólo explica que fue director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica, sino que además se perfeccionó en la Universidad de Columbia, en Nueva York, con una beca de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), al igual que en Paris, donde estudió en la Radio y Televisión Francesa “por un convenio que había entre el gobierno chileno y  francés, para poner en funcionamiento la televisión chilena”.

-Con la experiencia de sus viajes, ¿cuál considera es la importancia de aprender inglés para el periodismo y la formación académica?

El inglés es básico y es un idioma universal. No sólo en Estados Unidos o Inglaterra, también en África o China, hoy en todas partes hay que saber hablar inglés. También en la docencia es importante porque, por ejemplo, los textos de ingeniería y medicina vienen en inglés.

-Además de la radio, como en el espacio “Reporter Esso”, usted participó en televisión.

De vuelta de Francia trabajé en Canal 13, como productor del programa político “Más allá del 70”. Para las elecciones presidenciales de 1970 pude llevar a los estudios de Lira con Alameda a (Salvador) Allende y a (Radomiro) Tomic, pero no a Jorge Alessandri. Había que subir cuatro pisos largos, sin ascensor, y no era fácil que Alessandri subiera eso.

-¿Por qué se debe estudiar periodismo?

Para crear una base cultural importante. Más que todo, se debe incentivar en el alumno la lectura de grandes textos y de grandes autores, para que aprenda a expresarse y así tener un background que le permita sostener conversaciones sobre una u otra situación de interés para la comunidad. Del periodismo actual me molesta la falta de seriedad en el uso del lenguaje, se toma con mucha ligereza.

-¿Qué le parece que hoy exista en UNIACC una versión online de la carrera de Periodismo?

Eso lo valoro y lo aplaudo, porque abre otra veta para el aprendizaje. La gente que, por ejemplo, está en Punta Arenas y no tenía acceso a estudiar, ahora lo tendrá. Tenemos que tratar de tomar la tecnología y saberla manejar. Como se decía en el CM Summit de UNIACC, el que no está metido en las redes, no existe, te guste o no te guste. Yo empecé con la vieja y querida Underwood, pero llegó un momento en que tuve que introducirme en Internet y saber lo que es el Twitter y todas las redes, no para conocerlas en profundidad, pero sí para entenderlas.

-¿Qué le gusta y qué no le gusta de estas tecnologías?

Nos han abierto al mundo entero, la noticia de cualquier parte del mundo la tenemos en instantes. Pero también las redes sociales han echado a perder el lenguaje. Internet incluso nos aisló, porque uno está metido en esta maquinita y a veces no conversa con la familia. Quedan en segundo plano la esposa, o el hijo que necesitaba una respuesta en ese momento, no media hora después.

-¿Qué es lo más que valora del ejercicio periodístico?

El contacto con la gente y poder transmitir las noticias. El rol del periodismo es orientar a la sociedad. El periodista tiene que, en pocas palabras, hacer comprensible noticias que pueden ser confusas, como la crisis económica europea. Hay un cúmulo de informaciones y alguien tiene que interpretarlas y guiarnos, con un análisis que nos permita entender los hechos.

De ideas claras y discurso limpio, Ortiz no piensa en abandonar su veta docente, porque “Uno va aprendiendo día  a día con los jóvenes”. Amante de la música clásica y la del recuerdo, “la que se bailaba cheek-to-cheek”, en la televisión rechaza la farándula y busca “los programas de análisis”.

Y, para eliminar cualquier interpretación equivocada sobre su relación con el deporte, confiesa que “el tenis me interesaba, pero era tan chuzo… Cuando estaba en la embajada de Estados Unidos, incluso formé un grupo con colegas y diputados, pero se dieron cuenta de que no les servía para formar equipo y terminé jugando con el pelotero”.

Ese es el periodista, el docente y el hombre. En una palabra, Cachito.

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