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Yoga en el entorno educativo: prácticas no convencionales de desarrollo de competencias

Por Andrea Lizama Lefno

La escuela, la universidad, el instituto y, en definitiva, las instituciones de educación formal, públicas y privadas, son actores que deben contribuir al cambio social y a los procesos civilizatorios, son espacios en los que se desarrollan procesos de formación para la vida y la sociedad.

Los estudiantes que experimentan procesos educativos formales, adquieren fundamentalmente conocimientos y capacidades técnicas, científicas, humanistas, tecnológicas y artísticas, pero también sociales y culturales, y los cambios que los sujetos experimentan a lo largo del proceso formativo se reflejan en las diversas destrezas que despliegan, durante y posteriormente a su paso por las instituciones educativas, en los distintos ámbitos de vida y campos sociales en los que se desenvuelven.  Así, el rol de estas instituciones consiste en preparar personas que sean útiles al funcionamiento del sistema productivo, pero también al sistema social y, por sobretodo,  gestores de cambios sociales conscientemente racionalizados.

Según Delors, en el Informe de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI para la UNESCO,  la educación “es el principal instrumento de transmisión de la experiencia, cultural y científica, acumulada por la humanidad”. Esto da cuenta de la pertinencia de definir los sistemas educativos desde una perspectiva integradora y holística, que necesariamente implica la incorporación, validación y análisis de “nuevas buenas prácticas” en educación superior.

Es relevante destacar y validar la innovación y el vanguardismo en los procesos educativos, especialmente cuando se trata de potenciar el desarrollo de competencias integrales, habilidades blandas y competencias sociales, dado que es evidente que una necesidad imperante del sistema social es contar con personas capaces de establecer relaciones sociales efectivas en todo ámbito, pero también afectivas y humanas, en definitiva, beneficiosas para todas las personas.

En ese contexto, merece la pena investigar y validar la práctica de disciplinas no convencionales dentro del campo educativo tradicional, como el yoga y la meditación, entre otras.  Se trata de prácticas que están orientadas a incentivar competencias cognitivo-emocionales mediante el trabajo corporal y mental, particularmente el entrenamiento de la concentración, la atención y la respiración, en general, la conciencia de la existencia del cuerpo y la mente en un momento presente, como constituyentes de un sujeto activo y autónomo. Es probable que, en un plazo variable, los efectos cognitivos-emocionales que estas prácticas ayudan a desarrollar, se traduzcan en habilidades sociales y, particularmente, en el mejoramiento de las relaciones humanas, esto es, el desempeño de los sujetos en su entorno social.

Al respecto, María José Acevedo, periodista y profesora del Diplomado en Yoga, Conciencia y Salud Holística que se dicta en una universidad chilena, y al cual pueden acceder optativamente todos los estudiantes de pregrado, “lo que se busca es potenciar el cultivo de las inteligencias múltiples (…) ellos [los estudiantes] pueden tener mayor conocimiento y dominio de la inteligencia espacial, la inteligencia emocional, la inteligencia relacionada con los recursos naturales, que se llama la inteligencia ecológica, y también el tema de la investigación personal, que tiene que ver con áreas de la inteligencia interna y la relación con otros seres, pensando que son sujetos que se van a instalar en mercados de desarrollo de múltiples áreas, y entendiendo que hay áreas de conocimiento que no están necesariamente instaladas en sus carreras, pero que si existe un mundo que está interesado en que se desarrollen (…) la idea es que cuando salgan al mercado laboral no sean una carga para la sociedad sino que ellos busquen una manera de absorber su creatividad en propuestas que ayuden a tener una sociedad mejor.”[1]

La incorporación de estas prácticas a la oferta académica oficial de las instituciones refleja el interés de éstas en proporcionar a la sociedad profesionales integrales, efectivos y humanos, útiles para la sociedad. La práctica de este tipo de disciplinas fomentaría el desarrollo de competencias para la vida social y personal, tales como la comunicación asertiva, adaptabilidad, flexibilidad, proactividad, iniciativa y trabajo en equipo, según Singer, Guzmán y Donoso de la Escuela de Administración de la Pontificia Universidad Católica de Chile[2], y la tolerancia, comunicación, honradez, entusiasmo, autoestima, confianza, responsabilidad, iniciativa y perseverancia, cuya formación, según Ángel Díaz Barriga, Doctor en Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM[3], permitiría el mejor desempeño ciudadano.

Según Díaz, “la innovación atiende la necesidad de incorporar elementos novedosos al funcionamiento del sistema educativo; es el resultado de la evolución impresionante que han tenido las tecnologías, así como de las propuestas que se van elaborando en el ámbito de la educación y de la enseñanza, como consecuencia de los desarrollos de diversos enfoques de investigación en el ámbito de la pedagogía, la didáctica, la psicología, la comunicación, entre otras disciplinas.” Sin embargo, el autor también da cuenta de la pertinencia de evaluar las innovaciones y no caer en el “innovacionismo” sin sentido, es ahí donde adquiere relevancia la investigación en educación, y fundamentalmente la investigación de experiencias vanguardistas, particularmente su efectividad para el aprendizaje y el desarrollo de competencias.

La práctica del Yoga y otras disciplinas como el Reiki y la meditación, con objetivos académicos, es decir, en un entorno  profesional, bajo monitoreo pedagógico e inserta en un entorno de enseñanza-aprendizaje, produciría el desarrollo de competencias en el ámbito del autoconcepto y la autoconciencia. Según Acevedo, por ejemplo, la gente tiene súper claro qué cosas les da rabia, pero menos claro por qué cosas agradecer. Ella afirma, “en general, tiene que ver con identificar el temple de la persona, es decir, el carácter, tiene que ver con el ánimo, y el ánimo no solamente es la cabeza, tiene que ver con cómo tú te sientes, cómo te proyectas, desde dónde miras, si te sientes parte de algo o no, si te sientes marginado, dónde uno se instala como sujeto social, entonces el sentimiento de pertenecer también genera temples rebeldes o temples moldeables, y desde ahí soy tímido o soy avasallador, y poder darnos cuenta que podemos ser todo eso también.”

Esto significa “llevar la conciencia hacia temas internos, en general, tiene que ver con sentir, con apropiarse por ejemplo de la sensación de relajo en el caso que haya que relajar, de fortalecer, en el caso que haya que fortalecer, de ir más allá de los límites que uno cree tener”. Lo fundamental que la profesora intenta transmitir en sus prácticas, a través de los movimientos y los ejercicios, es el equilibrio, para intentar favorecer el trato personal, por ejemplo, evitar la autoindulgencia pero tampoco ser tan severo con uno mismo.

La esencia del yoga es aprender a conocer el ser, en el sentido que un sujeto tiene una existencia que pareciera “irrefutable”, sin embargo, ese ser debe cultivarse, porque en realidad, “las personas tienen la idea de que lo que son, es según lo que dicen los otros, según lo que han leído, desde el amor romántico que venimos acarreando por la historia, por la vida, por los cuentos, Walt Disney, aprender que no tenemos idea, porque tenemos súper pocas habilidades sociales, entonces hay tantos problemas de salud y de convivencia.”, afirma Acevedo.

Con respecto a sus clases, Acevedo afirma que otro concepto básico es la autosuperación: “Si yo no creo que tengo todas las posibilidades de hacer lo que quiero hacer es, porque en el fondo, no tengo confianza en mí, y en el entorno, porque no lo entendemos. Es mejor confiar a no confiar, porque nosotros no tenemos idea por qué estamos aquí y para dónde vamos, entonces si yo no me genero posibilidades  amplias de ser y conocer más allá de lo que estoy acostumbrado, no me puedo superar en nada, y ahí entra el tema de la cultura, conocer otros países y diferenciar entre estar en un Resort o ir a mochilear, y hacer dedo y contactarme con la gente de otros lados, de otro color, otra temperatura, atreverse a conocer el mundo más allá de lo que se está acostumbrado, yo los invito a independizarse.”

Concretamente, en el caso del yoga, el desarrollo de estas competencias se relaciona con el entrenamiento, la perseverancia, el logro personal, por ejemplo, si un ejercicio resulta muy difícil de ejecutar el primer día, después de tres semanas ya no  va a ser tan difícil, y por cierto, llegar a la tercera semana ya significa un logro, que es deseado, gestionado y alcanzado por el estudiante, de manera totalmente autónoma, con la tutoría y el acompañamiento profesional del profesor experto.

En relación a prácticas no convencionales en el campo de la psicología y la educación, el estudio de los efectos de la meditación ha arrojado resultados interesantes, se ha comprobado que produce efectos positivos sobre el bienestar psicológico. Durante las últimas tres décadas la práctica de la meditación se ha incorporado cada vez más en los programas psicoterapéuticos. Esto ocurre porque se ha establecido la eficacia que posee para diversos aspectos de la salud, como reducir la ansiedad y otros trastornos, la depresión, el abuso de sustancias, trastornos de la alimentación y el dolor crónico, así como mejorar el bienestar y la calidad de vida.

En general, los logros académicos de la ejecución de estas prácticas se traducirían en un mejoramiento no sólo de los aspectos cognitivo-emocionales, sino también de las redes sociales de los estudiantes, porque ellos aprenden a “limpiar” o “sanar” sus relaciones sociales, dejar de frecuentar con gente “que hace mal”, y fortalecer vínculos con personas “que hacen bien”. Y en cuanto las redes sociales implican una serie de recursos de apoyo para los sujetos y significan un mejoramiento de su entorno social inmediato, entonces la implementación de estas prácticas no convencionales de desarrollo de competencias en la oferta académica de las escuelas, universidades, institutos e incluso, guarderías infantiles, contribuiría efectivamente a que éstos desempeñaran el rol social que poseen por naturaleza en las sociedades, y podrían constituir realmente actores sociales activos en procesos de desarrollo social y cultural.

 


[1] Entrevista realizada en agosto de 2012.

[2] Ver Singer, M.; Guzmán, R.; Donoso, P. (2009) “Entrenando competencias Blandas en Jóvenes”. Pontificia Universidad Católica de Chile e INACAP. Recuperado el 10 de julio de 2012 de: http://www.inacap.cl/tportal/portales/tp90b5f9d07o144/uploadImg/File/PDF/Entrenando_Competencias_Blandas_en_Jovenes.pdf

[3] Ver Díaz, A. (2006) “El enfoque de competencias en educación. ¿Una alternativa o un disfraz de cambio?”. En Perfiles Educativos, Vol. XXVIII, nº 111, pp. 7-36. Recuperado el 10 de julio de 2012 en: http://www.scielo.org.mx/pdf/peredu/v28n111/n111a2.pdf

Fuente Imagen destacada:

http://www.ceiplosdolores.es/index.php?option=com_content&task=view&id=306&Itemid=1

Fuente imágenes internas:

http://www.elacontecer.com.uy

http://www.vanguardia.com.mx/enefdecoahuilaimplementaplandeestudioscontallerdeyoga-653017.html

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