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Educación, Entrevistas, Sociedad

Entrevista a Mark Waldman: cómo las creencias y el lenguaje determinan nuestra percepción del mundo

MARK2bPor Marcelo Cid C.

“Cuando tenemos tres, cuatro y cinco expresiones positivas por cada expresión negativa, terminas construyendo un mejor cerebro y uno más saludable”, asegura el especialista en comunicación efectiva y neurociencia, Mark Waldman, quien en enero de 2013 realizó dos conferencias en UNIACC.

Waldman es autor de 12 libros en temas como la investigación científica sobre la influencia de los vocablos en nuestro sistema neurológico. Su último trabajo -publicado el año pasado en Estados Unidos- fue “Las palabras pueden cambiar tu cerebro”.

Para Waldman, los ocho conceptos fundamentales de la comunicación efectiva  son, en primer lugar, el contacto visual amable, la expresión facial afable, un tono de voz suave, los gestos corporales, una disposición relajada, un ritmo de voz lento, la brevedad y, en último lugar, las palabras.

-Usted dice que “las palabras pueden cambiar tu cerebro” y que eso no es sólo una metáfora.

No es una metáfora. Todas las palabras que escuchamos son procesadas en una parte distinta de nuestro cerebro. Por ejemplo, una palabra como “vaso” es un sustantivo concreto y este texto se ubica en una parte específica del cerebro. Pero si usas una palabra como “libertad”, es un concepto muy abstracto, por lo que el cerebro no puede formar una imagen de eso en tu lóbulo parietal. En vez de eso, forma una idea muy complicada en, por ejemplo, tu lóbulo frontal izquierdo. Con los adjetivos ocurre lo mismo. Verbos y verbos activos, como “estoy corriendo”, se procesan en diferentes partes del cerebro. La manera en que armas una oración estimula tu cerebro de una manera muy específica.

-De acuerdo con su trabajo, ¿cuál es la palabra más peligrosa y por qué?

Si yo te pusiera en una máquina para escanear el cerebro y proyectara por menos de un segundo una palabra, hay una palabra que crearía más estrés en tu organismo, como cortisol. Esa palabra es “No”. Cualquier palabra o expresión negativa -como “No me gusta esto”- pone el cerebro en una reacción de miedo. La palabra “No” es muy importante para aprender, porque si tú ves a un niño acercándose a una estufa encendida, tú quieres gritar “¡No!”. Eso activa el mecanismo de miedo en el cerebro y te quedas congelado. El problema es que la comunicación diaria está llena más de palabras negativas que de positivas.

-Por lo tanto, desde el otro ángulo, ¿cuál sería la palabra más importante?

Palabras positivas como “Sí”, “Paz” o “Amor”, o cualquier palabra en que te concentres que te proporcione un sentido de felicidad o bienestar. Estas palabras liberan, por ejemplo, dopamina en el cerebro, que es un químico del placer. Sin embargo,  con las palabras negativas el cerebro está diseñado para marcarlas en la memoria y así éste apenas reacciona a las palabras positivas, porque no son una amenaza para nuestra persona. Frecuentemente crecemos siendo crónicamente negativos en nuestro estilo de comunicación y tenemos que volver a entrenar nuestro cerebro, para pensar y sentirnos positivamente. Cuando hacemos eso, cuando empezamos a mejorar nuestro lenguaje positivo, entonces puedes vivir por más tiempo, con menos estrés y menos enfermedades.

-Usted ha escrito que “Dios puede cambiar tu cerebro” ¿Cómo es que se interesó en estos temas? ¿Es usted religioso?

No soy un hombre religioso, pero con mi colega Andrew Newberg, en la Universidad de Pennsylvania, hicimos estudios con escáners del cerebro de monjas, budistas o gente que hacía yoga y encontramos dos cosas. Primero, que la práctica espiritual positiva es muy saludable para el cerebro, porque puede hacer más consistente el neocórtex -que es la parte más importante del cerebro humano- y puede reducir la parte del miedo de tu cerebro, el cuerpo amigdalino,  si es que practicas lo suficiente. Lo otro que descubrimos que es que creemos que cualquier ser humano, sea o no religioso, sea budista, musulmán, cristiano o judío, tiene un circuito espiritual en su cerebro. Nosotros definimos como “espiritual” ese conjunto de valores que tiene el significado más profundo para un individuo.

Usamos el siguiente ejercicio para entrenar a estudiantes de negocios, personas y profesionales sobre cómo permanecer más concentrados y con menos estrés durante el día: pedimos a la persona tomarse un momento para hacer una respiración profunda. También le pedimos bostezar un poco, moverse y estirarse, que se tome 60 segundos para relajar el cuerpo y para situarse en el presente. Cuando entrenamos a un individuo, frecuentemente llevamos una campana, la tocamos y le pedimos a la persona que la escuche con la mayor atención posible. Mientras el sonido de la campana desaparece, tienes que hacer más y más esfuerzo para oírla. Así empiezas a escuchar los sonidos en la habitación o podrías empezar a escuchar tu propia respiración, esto es una forma de lo que se denomina meditación de la conciencia plena. En este estado, ya no piensas en cosas del pasado, ni tampoco te preocupas sobre actividades del futuro, estás aquí en el momento presente. La persona se comienza a sentir más viva y, para muchos, esto es una experiencia espiritual o mística. Entonces hacemos la siguiente pregunta: ¿Cuál es tu valor más profundo y más interno? Pedimos a la persona que literalmente medite en esa palabra. Si tuviéramos una habitación llena de gente y algunos fueran ateos y otros fueran fundamentalistas, cristianos, musulmanes, estas personas podrían decir “Compasión”, “Honestidad”, “Esperanza”, “Paz”, “Amor”, “Amabilidad”.  Para cuando hayamos recorrido todo el cuarto, es muy fácil decir “mira, todos somos miembros de la misma iglesia”.

En otras palabras, lo que las religiones han hecho a través de nuestra historia es que encuentran valores particulares que ellos piensan son esenciales para que nosotros vivamos una vida cautiva, y eso es la definición de religión. Descubrimos que este ejercicio permite a la persona ponerse en contacto con su propia espiritualidad interna, su propia religión. Encontramos que cuando la persona empieza a meditar en sus valores religiosos y en las imágenes que son más importantes para él, esa misma parte del cerebro se ilumina. No importa si eres budista, hindú o cristiano.

-Así que, de acuerdo con su visión, la espiritualidad no requeriría de, por ejemplo, algún tipo de elemento sobrenatural.

No, pero se trata de un sistema de creencias. Si tú crees en una vida después de la vida, que sea agradable y llena de goce, eso es muy bueno para tu cerebro. Pero encontramos que con los individuos religiosos que tienen miedo de, por ejemplo, el infierno, y están preocupados de haber sido malas personas, esto sería una creencia espiritual religiosa y ese tipo de lenguaje está dañando el cerebro. Crea preocupación y crea ansiedad. Los químicos que libera el estrés destruyen los circuitos de memoria del cerebro.

-UNIACC es la Universidad de las Comunicaciones. En sus palabras, ¿cuáles son los elementos clave para obtener una comunicación efectiva?

En nuestra investigación, las palabras son el número ocho en una lista de las ocho más importantes estrategias de comunicación. La primera es hacer contacto visual, de una manera muy específica. Quiero mirar a la cara de la otra persona, pero con una sonrisa acogedora, con una expresión suave. No quiero fruncir el ceño, porque eso provocaría una reacción defensiva. Quiero ser capaz de mantener un contacto visual muy directo, para que puedas leer las expresiones faciales que no son verbales, que son mucho más importantes que las palabras. Queremos tener una atención muy cercana a las expresiones faciales de la otra persona. Eso es absolutamente esencial. Cuando no podemos hacerlo, tenemos que tener una sonrisa, con una mirada dulce. Después queremos oír el tono de voz de la persona, que es mucho más importante que las palabras. Descubrimos que la mayoría de la gente solamente se fija en las palabras y conversan demasiado rápido. Así que tenemos que reducir la velocidad, para ver cómo es la expresión facial, para escuchar más profundamente al tono de voz. Es ahí cuando empezamos a entender realmente lo que la otra persona quiere decir.

-Entonces, ¿cuál es su impresión acerca de las redes sociales?

Tengo un hijo que creció con Facebook. Pensaba que esto crea distancia entre las personas, pero ahora pienso que es una diferencia cultural entre las personas mayores y las más jóvenes. Es verdad que si escribes, digitas o envías por e-mail un mensaje, es muy difícil expresar emociones positivas. Un mensaje normal por e-mail, o un texto en Facebook, tiende a ser leído de forma más negativa de lo que pretendía la persona. Pero si estudias la comunicación por Internet, empiezas a ver que nuestros hijos están aprendiendo a generar formas únicas de expresar sentimientos y emociones en este texto, con símbolos y caras felices. No crea cercanía, pero he descubierto -y las investigaciones lo apoyan- que la gente puede emplear mensajes de texto y correos electrónicos como una forma distante de conexión social. Desde ellos, la gente puede empezar a formar relaciones más cercanas. Si dejas fuera la conexión cara a cara, se pierde una tremenda cantidad del proceso de comunicación, incluso empleando Skype. La voz electrónica no refleja lo que está pasando entre tú y yo en este momento.

Lo que hago con mis manos es otro de los ocho elementos esenciales en la comunicación. No tenemos que hablar con nuestras palabras. Lo que tratamos de hacer con nuestros estudiantes y por medio de nuestros libros, es que la persona experimente exagerar sus gestos con las manos. Queremos que experimenten con distintos tonos de voz, para que tomen conciencia de que la comunicación existe en muchos niveles.

Si realmente queremos ser grandes comunicadores, queremos convertirnos expertos en el tono de nuestra voz, en la manera en que nos expresamos con nuestra cara. Para hacer eso, una de las cosas más importantes es mantener el cuerpo relajado y mantener tu mente más o menos libre. La mayor parte del tiempo tratamos de hablar un lote de palabras para expresar alguna idea que las palabras no pueden expresar. Hablamos mucho y por demasiado tiempo, incluso mientras la otra persona está hablando. Si escucháramos nuestro discurso interno, frecuentemente escucharíamos que nos estamos preparando sobre qué diremos a continuación y no estamos escuchando para nada a la otra persona. Por eso es que nos gusta decir que el cerebro humano es una herramienta muy mala de comunicación. Tenemos que aprender cada aspecto sobre cómo hablar profunda e íntimamente para crear confianza antes que desconfianza.

-¿Cuál es la principal meta de la educación?

En la manera en que me criaron, la educación tenía que proporcionarte un montón de conocimiento y herramientas para cumplir tareas laborales. Pero, al menos en Estados Unidos, no se nos enseña cómo hablar a un ser amado y a los padres no se les enseña cómo hablar a sus hijos. Los niños no saben cómo hablar y, hace muchos años, Piaget descubrió en que la manera en que nos comunicamos y nos comportamos, nunca sobrepasa lo que aprendimos hasta los 12 años. En Estados Unidos no se están tomando el tiempo para enseñar cómo crear cercanía y confianza, cómo construir diálogos cooperativos. Nosotros pensamos que es tiempo de utilizar la neurociencia y lo que hemos descubierto sobre cómo el cerebro emplea el lenguaje, lo desarrolla y procesa, y a la vez construye nuevas estrategias, para que podamos hablar de manera más efectiva entre nosotros.

“El cerebro está diseñado para marcar las palabras negativas en la memoria y así éste apenas reacciona a las palabras positivas, porque no son una amenaza para nuestra persona”

-En este sentido, ¿cuán importante es aplicar la comunicación compasiva en la educación?

Es absolutamente esencial. Vemos la comunicación del día a día como una persona a la defensiva. No entramos a una habitación llena de extraños diciendo “Oh, Dios mío, no puedo decirte cuán buena estaba la comida”. Estamos entrenados para empezar a hablar a la otra persona desde una postura defensiva. Pero lo que la neurociencia nos dice es que esa postura defensiva en el momento que tengo dudas o muestro una pizca de irritación o ansiedad en mi voz, el cerebro de la otra persona se asusta o se enoja un poco. Estamos sugiriendo que, tal vez, la mayor parte de los conflictos en este mundo son provocados por un error básico. Si nos entrenamos para ingresar a nuevas conversaciones con nuevas personas y permanecemos relajados por dentro, automáticamente hablamos con mayor calidez y compasión y el cerebro de la otra persona confiará en nosotros. Así eliminamos el conflicto antes de que éste empiece.

-Entonces, el optimismo es la mejor manera de ejercitar nuestro cerebro.

Es una de las mejores maneras. Si no tenemos esperanza, fe y optimismo de que el siguiente momento será todo lo maravilloso que puede ser, debilitamos nuestra vida completa. Las personas que son optimistas viven dos años más de las personas que son pesimistas. Lo que es importante saber es que nuestro cerebro está diseñado para recordar pensamientos, sentimientos y recuerdos negativos. Tenemos que hacer un tremendo esfuerzo para construir el optimismo y por eso es que, por ejemplo, pedimos a las personas que elaboren una lista de todos los pensamientos negativos que han tenido durante un día. Podemos elegir conscientemente interrumpir esa negatividad. También tenemos que saber que casi cada pensamiento de ansiedad, de preocupación, de miedo y de duda, es una fantasía creada en nuestros lóbulos frontales. Tomamos todos los recuerdos negativos y proyectamos esa posibilidad que podría ocurrir en el futuro. Resulta que nuestro lóbulo derecho frontal tiende a generar conscientemente pensamientos y sentimientos negativos, en tanto nuestro lóbulo izquierdo frontal tiende a generar conscientemente pensamientos y sentimientos positivos. Los dos ocurren al mismo tiempo.

El cerebro está diseñado para brindar más atención a lo negativo, pero nosotros tenemos una elección consciente de darle una vuelta y mantenerlo re-entrenado. Podemos trasladar cada  momento al momento presente y percatarnos de que es realmente maravilloso. Qué tal si conscientemente elegimos sumergirnos en cada pequeño momento positivo, podemos entrenarnos para convertirnos irresistiblemente positivos. Eso parece ser lo que elimina el conflicto entre las personas.

-Usted escribió “Nacido para creer”, ¿es importante creer en algo? ¿Es inevitable?

No podemos esperar lo contrario. Nacimos con cerebros que no saben nada. Se nos proporciona un conjunto de creencias y valores por nuestros padres, se nos enseña que es peligroso cruzar la calle sin mirar y eso no lo sabemos cuando somos niños. El cerebro humano nunca está demasiado directamente en contacto con la realidad. Nuestro autoconcepto es una construcción arbitraria. Estamos tan desconectados con la realidad objetiva que está ocurriendo, que creamos sistemas de creencias acerca de lo que creemos que ocurre en nuestros sentimientos, mentes y relaciones. Es muy importante recordar que lo que creo verdad sobre ti o el mundo es algo que he imaginado y he creado. Por eso es que (en nuestra investigación) siempre estamos tomando diferentes prácticas espirituales de todo el mundo y eliminamos la teología de ellas. Simplemente decimos que si respiras profundamente y permaneces relajado en el momento presente te sentirás más feliz, más vivo, con más paz, tendrás una percepción más cercana sobre lo que realmente ocurre en el mundo. Eso cambiará tu sistema de creencias y también cambiará la forma en que te comunicas.

-Mark, ¿hay algo que quisiera agregar a esta conversación? ¿Algún tipo de mensaje para nuestros lectores?

Lo que pensamos que es muy importante es que cuando estés en una conversación, que elijas conscientemente poner todo tu ser en ese momento. Pero que cuando escribas un libro, cuando hagas trabajos caseros o una tarea en especial, en el momento en que empieces a sentir esa sensación de estrés y cansancio, deja de hacer lo que estás haciendo. Descubrimos que bostezar y estirarse es la manera más rápida de relajarse. Pregúntate sobre cuál es tu valor interno más profundo para este momento. Piensa en alguien que amas, luego habla lentamente, como lo hago ahora, con esa sonrisa amable. Pensamos que esa pequeña acción de compasión y paz debería traer mucha paz al mundo. Ese es nuestro mensaje.

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